El gurú da instrucciones al estudiante sobre los puntos fundamentales de la meditación vajrayana, que se basa en dos aspectos o métodos complementarios, la generación y la consumanción. El espacio fundamental o vacuidad de la mente y de los fenómenos, la conciencia prístina, está asociado a la práctica de la fase de consumación (sampannakrama, dzog-rim), que es la base no dual de todo. Debido a los patrones habituales de la mente, que conceptúa un sujeto y un objeto, es difícil experimentar la base no dual de forma directa. Por esta razón se enseña la práctica de la fase de generación. (utpattikrama, kyremin).
La práctica de la fase de generación utiliza hábilmente las tendencias dualistas de la mente para señalar la base no dual de la conciencia. Estas tendencias, fundamentadas en el olvido de la conciencia prístina, dan origen a las percepciones sensoriales comunes, las emociones y los pensamientos que experimentan todos los seres. Éstos engendran todo un mundo dramático en el que la figura estelar, el yo, representa historias de celos, vergüenza y cólera, exagerando la dualidad fundamental. En las prácticas rituales de mantras sagrados, se proporciona un entorno puro en el cual poder actuar tales tendencias. Las emociones intensas y sus pensamientos asociados son inmediatamente visualizados, a través de los sentidos, en forma de deidades de apariencia viva. No obstante, estas deidades también manifiestan, con sus formas tradicionales prescritas, el estado despierto olvidado, inherente a cada una de esas estructuras emocionales.
En la práctica de la fase de generación cada aspecto de la liturgia, la iconografía y los símbolos, indica la vacuidad y el estado despierto inherente a las formas rituales. La pureza de esas formas no lleva consigo ningún tipo de apego convencional asociado a los patrones habituales. Cuando surgen los apegos en la práctica, hay que experimentarlos y abandonarlos. La deidad y el entorno deben visualizarse con una precisión contínua, manteniendo una imagen clara en la mente a la vez que se permanece en un estado sin fijación y vacío. Asímismo, se debe recordar constatemente la pureza de la visualización, recordatorio de que es una manifestación de la pureza fundamental de la naturaleza de la mente.
El resultado de la práctica de la fase de generación es un cierto grado de purificación de los patrones habituales. El tantrika empieza a comprender cómo los prejucios y tendencias personales moldean su experiencia y lo dañinas que tales prespectivas pueden resultar para los demás y para uno mismo. Además, el tantrika empieza a percibir la conciencia prístina inherente a esas tendencias y surge la consecuente renuncia. Se liberan las fijaciones corrientes y empieza a generarse una confianza en la conciencia básica. Como dijo Jamgön Kongtrül, “El estadio de genración es, principalmente, para debilitar paulatinamente la aparuiencia engañosa de la realidad ordinaria.”
La fase de consumación es un tipo de práctica diferente, libre de cualquier elaboración mental. Aqui el tantrika mira directamente la naturaleza de la mente y no encuentra ningún objeto al que pueda llamar mente. Y porque no hay ningún objeto que pueda identificarse, finalmente nace la conciencia prístina. Jamgön Kongtrül lo explicó así: “El estadio de consumación es para debilitar el apego a la realidad del estadio de generación.”Dado que en esta fase se abandona la preocupación por las tendencias dualistas, carece de forma, y su profundidad es inefable. Conociendo el juego de las creaciones dualistas de la mente, se descansa en la naturaleza básica, la conciencia prístina. Se trata de un estado completamente natural, sin pensamiento ni lucha de ninguna clase, y en consecuencia no hay ningún objeto. Podría concondar con el término subjetividad en el sentido que puede ser experimentado, pero dado que no hay alguine que experimente o experiencia separada, carece de sujeto. No obstante, la profundidad que esto indica, nos señala el grado de profundidad de la espiritualidad en la religión tibetana.
Por medio de la práctica de consumación se accede a la Madre Prajnaparamita, pero “ella” no se opone a las formas o expresiones de su carácter no conceptual que llevan al tantrika a su naturaleza básica. En la práctica tántrika aparecen formas identificables que expresan su carácter inefable, y éstas formas nacen del espacio de la Madre.
Judith Simmer-Brown: “El cálido aliento de la Dakini”. El principio femenino en el Budismo tibetano.